Por Alexis Ansaldo

El viaje del héroe

 

Cualquier iniciativa genuina de cambio tiene un camino por delante que guarda una gran recompensa, sentir que nuestra vida tiene un sentido. Pero este viaje tiene etapas con grandes desafíos, como si alguien nos estuviera preguntando ¿Estás seguro que éste es tu camino?

El llamado: desafío inspirador o catastrófico
En algún momento de nuestra vida llega un punto de quiebre, una situación que viene fuera de nuestro mundo normal y nos perturba. Un momento en el que tenemos la oportunidad de cambiar el rumbo inercial de las cosas. Sabemos que si aceptamos el desafío las cosas nunca más serán como antes. En el fondo intuimos que las cosas al final estarán mejor pero ¿qué hacemos en el medio? Esto puede resultar inspirador en una etapa inicial, pero si dejamos pasar mucho tiempo puede ser catastrófico, el llamado se puede hacer cada vez más fuerte hasta el punto de tener que avanzar obligados. El llamado es para uno, podemos elegir seguirlo.

El salto: dejar el mundo conocido
Tomamos la decisión de seguir el “llamado”, cruzar el umbral, no hay vuelta atrás. La Providencia nos recompensa por habernos movilizado positivamente y empiezan a suceder cosas mágicas que no podrían haber pasado antes. Encuentros, apoyos y distintos tipos de señales claras nos indican que el camino es el correcto.

Desafíos: Aliados y demonios.
Avanzamos encandilados por el halo de señales a favor y en el momento menos pensado algo se traba contundentemente. Un proyecto que se frustra, una relación se estanca. Sentimos que todo se vuelve oscuro otra vez. En este momento nuestros aliados y demonios (tendencias personales) nos pueden hacer avanzar o retroceder. Estos desafíos nos obligan a repensar si verdaderamente estamos coprometidos con el camino que elegimos

Pruebas decisivas: muerte y resurrección
Con la convicción de que éste es nuestro camino, seguimos adelante pero en un momento aparece condensada una situación que nos enfrenta irremediablemente a aquello que más tememos y que habíamos “creído” totalmente superado. El sueño se nos derrumba por completo, las cosas son totalmente opuestas a como las habíamos imaginado y se nos muestra lo peor de nosotros mismos. Es un momento de muerte y resurrección (real o simbólica) de lo que somos, de nuestras relaciones y nuestros sueños. Es el momento en el que puede suceder la vuelta en “U” y volvemos hacia atrás, a lo conocido, a la comodidad superficial de no tener que superarnos enfrentándonos con una dura realidad. El desafío de esta etapa es tomar la decisión de “permanecer en la incomodidad” con fe, confiando en que se nos mostrará el próximo paso en el camino.

El regreso a casa: recompensa
Lo que ayer parecía totalmente imposible empieza a suceder, el horizonte se despeja, todo vuelve a clarificarse y las piezas se empiezan a acomodar. Somos recompensados de formas inesperadas por permanecer en nuestro verdadero camino, pero a diferencia de la etapa anterior en la que nos invadía la euforia, por haber dado un salto que parecía imposible, ahora sentimos paz. Somos responsables de seguir en el camino, con obstáculos pero sin dudas. Maduramos. Regresamos del viaje a compartir lo aprendido con los demás…