La manera habitual de actuación médica sucede
cuando la enfermedad está en su última manifesta- ción,
la física ¿Pero, cuál es el proceso hasta llegar
allí? Una renovada visión médica aborda a la persona
y su potencial colaborando empáticamente para fortalecer la salud
innata.
El nuevo paradigma del proceso de curación está enfocado
en el ser y no en aquello que está en la periferia de éste,
como es la enfermedad. Pero sí existe un núcleo central
de sufrimiento que está signado por una determinada emoción.
Existe una afectación a determinados órganos en función
del tipo de desequilibrio emocional. Por ejemplo, luego de una profunda
tristeza sería posible la afectación de los pulmones o
riñones; o bien en las personas con sentimientos de cólera
reprimida llegarse a la formación de cálculos en la vesícula
o de trastornos hepáticos.
El médico R.G.Hamer, quien después de un cáncer
de testículos que apareciera luego de la muerte trágica
de su hijo, fue mucho más allá sosteniendo que la enfermedad
es la respuesta apropiada del cerebro a un trauma externo y forma parte
de un programa de supervivencia de la especie. Una vez resuelto el trauma,
el cerebro invierte el orden y el individuo pasa a la fase de recuperación.
La enfermedad deja de ser un peligro a “eliminar” como única
solución para ser una solución biológica con un
sentido a develar.
Por su parte, la medicina tradicional china relaciona a cada órgano
con una emoción: la tristeza se corresponde con el pulmón,
el miedo con el riñón, la ira con el hígado, la
preocupación con el bazo-páncreas y la angustia con el
corazón. Este conocimiento empírico, es actualmente sustentado
por diversos estudios en los cuales se evidencia que según cada
estado anímico se produce la liberación o inhibición
de distintas sustancias neuromediadoras.
Existen en la profundidad del cuerpo humano vías acupunturales
llamadas meridianos, que transportan energía vibracional (emociones)
desde los órganos a la superificie corporal; para luego ser exoneradas
y transmutadas por los cuerpos sutiles.
Entonces, si la influencia externa que es una vibración, es decodificada
por nosotros en forma de distintas emociones, y que estas según
su afinidad canalizarán en determinado órgano, ¿porqué
se insiste en medicar solamente al síntoma?. En este último
plano es donde actúan los medicamentos alopáticos, de
gran eficacia en ciertas ocasiones, pero siempre trabajando en la expresión
final del desequilibrio.
Las medicaciones vibracionales como la homeopatía, la aromoterapia,
digitopuntura y otras, inciden aún en etapas previas a la manifestación
del síntoma ya que actúan desde planos más sutiles.
Entonces la medicina no debería de suceder en la instancia del
consultorio sino en etapas previas, pudiendo de este modo ejercerse
la verdadera prevención.
Esta medicina se nutre de la meditación, la buena alimentación,
el buen pensar, la actividad física y por sobre todo la comunión
con el entorno en un ambiente natural y saludable.
La potenciación de cualquier herramienta terapéutica,
llámese homeopatía, fitoterapia, acupuntura; etc. existe
cuando hay una intención profunda y amorosa de ayudar a la persona
que tenemos frente a nosotros.
El médico ahora ya no se halla en una posición de superioridad
frente al otro; se ubica a la par de éste, convirtiéndose
en un instrumento en el camino de sanación y evolución
del ser.
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