Por Dr.Fabián Volpe

Medicina para el alma

La manera habitual de actuación médica sucede cuando la enfermedad está en su última manifesta- ción, la física ¿Pero, cuál es el proceso hasta llegar allí? Una renovada visión médica aborda a la persona y su potencial colaborando empáticamente para fortalecer la salud innata.

El nuevo paradigma del proceso de curación está enfocado en el ser y no en aquello que está en la periferia de éste, como es la enfermedad. Pero sí existe un núcleo central de sufrimiento que está signado por una determinada emoción. Existe una afectación a determinados órganos en función del tipo de desequilibrio emocional. Por ejemplo, luego de una profunda tristeza sería posible la afectación de los pulmones o riñones; o bien en las personas con sentimientos de cólera reprimida llegarse a la formación de cálculos en la vesícula o de trastornos hepáticos.

El médico R.G.Hamer, quien después de un cáncer de testículos que apareciera luego de la muerte trágica de su hijo, fue mucho más allá sosteniendo que la enfermedad es la respuesta apropiada del cerebro a un trauma externo y forma parte de un programa de supervivencia de la especie. Una vez resuelto el trauma, el cerebro invierte el orden y el individuo pasa a la fase de recuperación. La enfermedad deja de ser un peligro a “eliminar” como única solución para ser una solución biológica con un sentido a develar.
Por su parte, la medicina tradicional china relaciona a cada órgano con una emoción: la tristeza se corresponde con el pulmón, el miedo con el riñón, la ira con el hígado, la preocupación con el bazo-páncreas y la angustia con el corazón. Este conocimiento empírico, es actualmente sustentado por diversos estudios en los cuales se evidencia que según cada estado anímico se produce la liberación o inhibición de distintas sustancias neuromediadoras.
Existen en la profundidad del cuerpo humano vías acupunturales llamadas meridianos, que transportan energía vibracional (emociones) desde los órganos a la superificie corporal; para luego ser exoneradas y transmutadas por los cuerpos sutiles.
Entonces, si la influencia externa que es una vibración, es decodificada por nosotros en forma de distintas emociones, y que estas según su afinidad canalizarán en determinado órgano, ¿porqué se insiste en medicar solamente al síntoma?. En este último plano es donde actúan los medicamentos alopáticos, de gran eficacia en ciertas ocasiones, pero siempre trabajando en la expresión final del desequilibrio.
Las medicaciones vibracionales como la homeopatía, la aromoterapia, digitopuntura y otras, inciden aún en etapas previas a la manifestación del síntoma ya que actúan desde planos más sutiles.
Entonces la medicina no debería de suceder en la instancia del consultorio sino en etapas previas, pudiendo de este modo ejercerse la verdadera prevención.
Esta medicina se nutre de la meditación, la buena alimentación, el buen pensar, la actividad física y por sobre todo la comunión con el entorno en un ambiente natural y saludable.
La potenciación de cualquier herramienta terapéutica, llámese homeopatía, fitoterapia, acupuntura; etc. existe cuando hay una intención profunda y amorosa de ayudar a la persona que tenemos frente a nosotros.
El médico ahora ya no se halla en una posición de superioridad frente al otro; se ubica a la par de éste, convirtiéndose en un instrumento en el camino de sanación y evolución del ser.

 

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