Todo empezó cuando tenía 18 años, debo decir que
no fue una decisión premeditada, en ese momento no supe el por
que. Desperté un día y algo dentro mío me impedió
volver a comer carne. Nadie entendía, mi madre principalmente
que pensaba que me iba a morir. Para todos era una elección de
lo más misteriosa. No comprendían que hubiese dejado algo
que realizaba con tanto gusto, no fue que la había dejado porque
no me gustara. La decisión fue en ese momento más fuerte
que mis papilas gustativas. No conocía nadie en esa época
que fuera vegetariano y nunca había leído nada al respecto.
Hoy día tengo 26 años, hace ya casi tres años que
no me alimento con nada que provenga del reino animal. Hace el mismo
tiempo que me dedico al cultivo agroecológico de frutas y verduras.
Soy más vegano que vegetariano. El primero no ingiere carnes
por un código ético de amar y preservar la vida, tampoco
usa o se viste con elementos del reino animal. El segundo puede comer
alimentos como huevos, quesos, leche, etc. El vegano elige esta dieta
por el respeto a la vida y el derecho a evolucionar que tenemos todos
como seres vivos.
Los primeros años de forma de vivir fueron toda una prueba en
el sostén de una actitud, fue muy importante en aquellos años
interiorizarme de ciertas enseñanzas esotéricas que recomendaban
no ingerir animales. Algunas afirmaban que uno quedaba liberado de las
pasiones mas bajas, dando claridad mental y sutileza física.
También me pareció interesante el hecho que si purificamos
el cuerpo, purificaremos el cuerpo del planeta. A los 22 conocí
a mi actual compañera y todo cambió. Juntos emprendimos
tareas de cultivos orgánicos en nuestro dadivoso patio cerca
del mar. Aprendimos el arte de la mano en la tierra y el corazón
en el cielo.
Los antiguos se alimentaban de ciertos animales para adquirir sus cualidades.
Hoy día las cosas cambiaron y podemos tomar clorofila de trigo
en vez de sangre y un buen puñado de brotes de girasol en vez
de un bife. Pero le cabe a uno discernir si quiere consumir el alimento
lo más degradado posible o un alimento lo mas vivo que se pueda.
La vida le enseñará al hombre que el placer de hoy será
el dolor de mañana. El hedonismo imperante está muy ligado
a la ley del karma material. Esta ley infalible está dando lugar
a la ley evolutiva superior, una ley que simboliza la liberación
del libre albedrío por parte de una pequeña minoría
de la humanidad.
Pero muchos dirán: ¿acaso los vegetales no sufren? sí
claro, sufren nuestra indiferencia, tienen un umbral del dolor inexistente
porque están aquí ensayando la entrega a la luz. Hemos
de tener en cuenta que los vegetales "evolucionan" a través
nuestro al consumirlos en gratitud y con amor. Al entrar en contacto
con una campo magnético superior se expanden dentro nuestro liberando
toda la energía que ellos concentraron. Todo depende de la actitud
que tomemos, todavía hay muchos vegetarianos comiendo con una
actitud de usufructo. Estos seres se donan a la vida y se entregan como
ofrenda y regalo de la naturaleza. Es toda una prueba saber tratar a
estos seres también. Por servicio a la Única Vida deberíamos
incurrir en esta práctica.
Ser hoy día vegetariano es símbolo de colaboración,
ayudando a los vegetales a seguir desenvolviendo su evolución
a través de su consumo conciente. Alimentarse no tendría
que involucrar muertes de seres que sienten y de los cuales somos casi
sus dioses. Esta elección ha de ser bien de adentro, desde lo
más profundo de algo que llamamos sensibilidad y compasión.
Desde ahí que la misma Vida Única que todo lo Es, sostiene
a los seres que siguen este camino. El amor a la vida da Vida. Estos
tiempos de actual e inminente transición claman por un accionar
práctico e interno, adaptarse a esos impulsos es la prueba de
muchas conciencias en pro de la liberación.
Contacto: sietemonadas@hotmail.com