Por Federico Conde Latou

Autobiografía de un vegetariano

 

Todo empezó cuando tenía 18 años, debo decir que no fue una decisión premeditada, en ese momento no supe el por que. Desperté un día y algo dentro mío me impedió volver a comer carne. Nadie entendía, mi madre principalmente que pensaba que me iba a morir. Para todos era una elección de lo más misteriosa. No comprendían que hubiese dejado algo que realizaba con tanto gusto, no fue que la había dejado porque no me gustara. La decisión fue en ese momento más fuerte que mis papilas gustativas. No conocía nadie en esa época que fuera vegetariano y nunca había leído nada al respecto. Hoy día tengo 26 años, hace ya casi tres años que no me alimento con nada que provenga del reino animal. Hace el mismo tiempo que me dedico al cultivo agroecológico de frutas y verduras. Soy más vegano que vegetariano. El primero no ingiere carnes por un código ético de amar y preservar la vida, tampoco usa o se viste con elementos del reino animal. El segundo puede comer alimentos como huevos, quesos, leche, etc. El vegano elige esta dieta por el respeto a la vida y el derecho a evolucionar que tenemos todos como seres vivos.
Los primeros años de forma de vivir fueron toda una prueba en el sostén de una actitud, fue muy importante en aquellos años interiorizarme de ciertas enseñanzas esotéricas que recomendaban no ingerir animales. Algunas afirmaban que uno quedaba liberado de las pasiones mas bajas, dando claridad mental y sutileza física. También me pareció interesante el hecho que si purificamos el cuerpo, purificaremos el cuerpo del planeta. A los 22 conocí a mi actual compañera y todo cambió. Juntos emprendimos tareas de cultivos orgánicos en nuestro dadivoso patio cerca del mar. Aprendimos el arte de la mano en la tierra y el corazón en el cielo.
Los antiguos se alimentaban de ciertos animales para adquirir sus cualidades. Hoy día las cosas cambiaron y podemos tomar clorofila de trigo en vez de sangre y un buen puñado de brotes de girasol en vez de un bife. Pero le cabe a uno discernir si quiere consumir el alimento lo más degradado posible o un alimento lo mas vivo que se pueda.
La vida le enseñará al hombre que el placer de hoy será el dolor de mañana. El hedonismo imperante está muy ligado a la ley del karma material. Esta ley infalible está dando lugar a la ley evolutiva superior, una ley que simboliza la liberación del libre albedrío por parte de una pequeña minoría de la humanidad.
Pero muchos dirán: ¿acaso los vegetales no sufren? sí claro, sufren nuestra indiferencia, tienen un umbral del dolor inexistente porque están aquí ensayando la entrega a la luz. Hemos de tener en cuenta que los vegetales "evolucionan" a través nuestro al consumirlos en gratitud y con amor. Al entrar en contacto con una campo magnético superior se expanden dentro nuestro liberando toda la energía que ellos concentraron. Todo depende de la actitud que tomemos, todavía hay muchos vegetarianos comiendo con una actitud de usufructo. Estos seres se donan a la vida y se entregan como ofrenda y regalo de la naturaleza. Es toda una prueba saber tratar a estos seres también. Por servicio a la Única Vida deberíamos incurrir en esta práctica.
Ser hoy día vegetariano es símbolo de colaboración, ayudando a los vegetales a seguir desenvolviendo su evolución a través de su consumo conciente. Alimentarse no tendría que involucrar muertes de seres que sienten y de los cuales somos casi sus dioses. Esta elección ha de ser bien de adentro, desde lo más profundo de algo que llamamos sensibilidad y compasión. Desde ahí que la misma Vida Única que todo lo Es, sostiene a los seres que siguen este camino. El amor a la vida da Vida. Estos tiempos de actual e inminente transición claman por un accionar práctico e interno, adaptarse a esos impulsos es la prueba de muchas conciencias en pro de la liberación.


Contacto: sietemonadas@hotmail.com