Nuestra misión como medio de vida Por Alexis Ansaldo

En una sociedad en decadencia nos enfrentamos a la pregunta ¿Cómo ganarnos la vida dignamente sin contribuir a un mundo que no funciona?

En la sociedad actual, la mayoría de las instituciones que puedan pagarnos un sueldo, de una u otra manera comparten cómplicemente el sostén de un sistema que se derrumba. Mucha gente percibe esto, se resiste a “formar parte” y cuestiona el sistema, otros pueden vivir con estas estructuras, están los que creen que no hay otra alternativa y de a poco se van desvitalizando y también están aquellos que dedican toda su energía a la creación de una alternativa laboral que los represente profundamente y llegan a preguntarse ¿cuál es el verdadero trabajo que debo hacer en esta vida, mi misión personal?

A su vez cuando uno empieza a transitar el camino de “generar” una nueva estructura, se da cuenta que las estructuras actuales, aunque obsoletas, cumplen la función de sostén y como son muchos los que las necesitan, persisten. Cuestionar el viejo sistema sin desarrollar las herramientas vitales que permitirán crear una alternativa genera a la larga un agotamiento improductivo. Para empezar necesitamos saber cuál es el punto de apalancamiento desde el cual accionar para crear un trabajo que nos represente verdaderamente. En este sentido el consultor Ken O’ Donnell grafica la situación como una alineación de bolas de billar y nos dice que el “tener” puede verse como una bola cuyo resultado es la consecuencia de un impulso de alineación de otras 3: “Ser”, “estar”y “hacer”. El ir en búsqueda del “tener” sin alinear las otras 3 es una ilusión. En cambio si alineamos las otras 3 bolas el “tener” es la consecuencia natural. Esta alineación debe respetar un orden que parte del “Ser”.

Si nos centramos en el “hacer” seremos víctimas de una acción compulsiva, estaremos presos de la vorágine y siempre sentiremos que nos falta más acción. El estar centrados en el “estar” nos generará un conflicto de roles, nunca podremos estar en más de un lugar a la vez. Sólo si nos centramos en el “Ser”, nuestra misión, alinearemos el “estar” y el “hacer” que dará como consecuencia el “tener”.

Crear nuestro propio trabajo nos propone un cambio de actitud y una nueva habilidad: accionar desde el Ser hacia el futuro.

Nuestro trabajo puede ser la expresión del miedo a no poder cumplir con las cuentas que tenemos que pagar o ser la expresión genuina de mi Ser que como consecuencia me permita pagar las cuentas. El trabajo puede ser aparentemente el mismo pero la intención es completamente diferente. En la primera opción el trabajo es un medio en la segunda es un fin en sí mismo,el sentido de nuestra vida.
La transición hacia este camino puede parecer larga y poco clara pero guarda una recompensa: sentir que estamos en la vida para algo indelegable que el mundo, en el fondo, esta esperando y que transformarlo en aquello a lo que le dedicamos la mayor cantidad de tiempo, nuestro trabajo, es la forma de asegurarnos que se hará presente en nuestras vidas y en las de los demás.


La visión inspiradora: el paso vital para iniciar un proyecto de cambio

Por Alexis Ansaldo

“Un mundo en el que cada persona pueda desarrollar plenamente su esencia en un ambiente de armonía y belleza, en el que el trabajo cotidiano exprese su espíritu y en el que cada día contribuya a mantener la diversidad y la abundancia de la naturaleza como regalos divinos a través de los cuales todos los seres nos hermanamos” (Visión inspiradora proyecto Urbano & Orgánico)
 
Una visión nos trae el futuro al presente y nos impulsa a transformar nuestra acción. Cualquier iniciativa que queramos comenzar requerirá trabajo, recursos y compromiso de otros, y habitualmente nos lanzamos a la búsqueda de resultados sin considerar este primer paso vital. Saber hacia dónde vamos, la búsqueda de un sentido. La construcción de una visión inspiradora.

La visión inspiradora nos muestra un destino hacia el cuál dirigirnos. Para crearla tenemos que dejar de ser “realistas” porque debe representar un sueño, lo que “realmente” queremos, mostrar nuestros valores y a la vez debe ser simple, clara, audaz pero alcanzable, motivadora y accionable, es decir, nos debe poder sugerir un rumbo de acción. Aunque nos debe ubicar claramente en un lugar imaginario superador al cual nos encontramos hoy uno debe poder responder positivamente a la pregunta: ¿Me veo?.

Es muy frecuente observar que las personas que quieren iniciar un proyecto lo primero que se pregunten es “qué funciona”.Si pudiéramos poner en palabras esta forma de ver el mundo podría ser algo así como: “cuanto mejor me adapte al exterior más exitoso seré”. También encubre la negación de crear, de hacer una propuesta propia. Todos tenemos los llamados “modelos mentales” que son formas simplificadas de ver el mundo, y actuar en consecuencia, que habitualmente no representan la complejidad de la vida, por lo cual lo más probable es que nuestro proyecto, al no representarnos profundamente, vaya en una dirección que no sea la que realmente queremos….aunque socialmente pueda ser“exitoso”, no tendrá nuestra impronta genuina.

La visión inspiradora nos proyecta desde nuestro eje interno, fuente de genuino potencial, nos conecta con el sentido de nuestra vida. Nos lleva hacia el “afuera” desde el “adentro” para recuperar el poder desde el cual manifestarnos positivamente en el mundo.

Todo lo anterior no significa que la “acción” no sea importante, que la implementación no sea vital, que no haya que hacer presupuestos, organizarnos, colaborar con otros, etc. Lo que aquí se plantea es que todo eso viene después, que una iniciativa sustentable requiere primero una visión inspiradora, un lugar imaginario y deseable al que nos queramos dirigir, que sea una fuente interna de energía y que nos proyecte todos los días con tal fuerza a la acción que esperemos cada mañana para ponerla en práctica.